Romper muros

“…Lo malo de levantar muros y corazas a nuestro alrededor es que nos quedamos en la más tremenda y absoluta soledad.  Protegidos y teóricamente seguros, pero en definitiva solos.  Creemos mantener a raya a determinada gente para evitar el daño, pero del mismo modo también dejamos de creer en otras personas, aunque éstas siempre hayan demostrado de forma continua estar ahí cuando las necesitamos” extracto de ¡Fluye! Aprende a vivir aquí y ahora de Diana Llapart.

Somos seres sociales y el no serlo nos vuelve débiles.  También como humanos no cesamos de crear paradigmas (formas de pensamiento que no admiten cambio) y juzgamos a la primera ocasión sin tener en cuenta la gran norma: que detrás de cada acto que hagas o te hagan, hay una historia que desconoces, de forma que tan solo tienes la mitad de la información para tachar o agregar a determinada gente a tu lista de invitados de tu propia vida.

Desde el dolor y con la herida abierta, decides ejecutar el primer paso: levantar muros impidiendo a aquellos que crees que te hacen daño, acercarse.  El segundo paso es la desconfianza, de forma que acabas alejando a la mayoría en tu afán de protegerte, incluso a los que amas.  El tercer paso es la pérdida, te pierdes la vida, lo bueno de las personas y cierras tu corazón al amor porque alguna vez te han hecho daño.

Te pido reflexión.

Céntrate y asume en qué punto te encuentras ahora.

¿Llevas incorporada la armadura anti-dolor que te vuelve insensible a todo o por el contrario el uniforme de paleta para levantar tu muro particular, ladrillo a ladrillo?

Y tu corazón…¿cómo está…abierto o cerrado?

Puede que al encerrarlo dentro de un muro te parezca que está a salvo, pero la espera agónica a que alguien lo encuentre allí, alejado y oculto del mundo, será interminable…y el dolor también.

En este punto entra en acción el cuarto paso: el autosabotaje, un compendio de los puntos anteriores elevados al máximo exponente en un círculo vicioso que acabará por consumir el amor por la vida, por tu trabajo, por las personas, por la sociedad.

La solución es simple: oxigena tu corazón, dale aire, alas, libertad.

Abre tu corazón.

Abre tu corazón al mundo y mira cómo las cosas cambian a tu alrededor: si sonríes recibirás una sonrisa a cambio, si eres amable recibirás amabilidad a cambio, si amas sin posesión recibirás amor libre a cambio.

Libera tu corazón de ese muro, pero recuerda que es mucho más fácil si vas removiendo los ladrillos uno a uno, no tienes que derruirlo de golpe.  Al igual que  Roma, el proceso no se hace en un día

Propongo en esta meditación hacer exactamente eso: desmontar los muros, verjas, zanjas o cualquier elemento de protección que hayamos puesto a nuestro corazón para que éste pueda latir libremente y de ese modo volver a abrirse a la vida y al amor.  Si tomas el riesgo de realizarla te aseguro que vale la pena.

Siéntate cómodamente con la espalda recta y comienza a inspirar suavemente por la nariz.  Espira suavemente por la nariz también.  Repite este ejercicio hasta que notes que tu respiración se regula y te invade una sensación de calma y paz.

Inspira y nota cómo tu cuerpo se llena de un aire lleno de luz, que actúa como un bálsamo por donde pasa.  Espira suave y prolongadamente.

Inspira y nota ese bálsamo en cada uno de tus órganos internos.  Nota cómo poco a poco todo tu cuerpo entra en calma con cada inspiración.  Llénate de esta luz balsámica hasta que notes una calma profunda.

Ahora sonríe. Vuelve a inspirar.

Imagina que a tu alrededor se extiende un paisaje, ¿cómo es? Una pradera, un bosque, tal vez un lago…

Añade todos los elementos a la escena que te hagan sentir bien mientras no dejas de respirar suavemente haciendo que el bálsamo calmante haga su efecto.  Notas alegría en este lugar y sonríes.

Inspira. Delante de ti en medio de este paisaje que has creado se dibuja un camino.  Levántate y camina despacio por él.  Siente tus pies, la tierra, la gravilla, la hierba.  Siente el camino.  Respira la calma que cada uno de tus pasos te concede. Inspira y sonríe.

Fíjate cómo es tu camino y mira a quién o qué encuentras en él.  Disfruta mientras sigues caminando e inundándote de la calma que emana cada punto de este lugar.

Un poco más adelante ves un muro.  En medio de él hay un acceso.  Puede ser una puerta, una verja, un cercado…  Acércate mientras sigues inspirando calma y paz.  Busca el lugar de acceso o la puerta.  Inspira y vuelve a sonreír mientras sientes que algo se forma en tu mano.  Ábrela y descubre la llave que te llevará al otro lado de la puerta o forma de acceso.

Usa la llave y entra, atraviesa el muro.  Mira qué o quién hay dentro de estos muros.  Mira también qué o a quién ves un poco más allá.  Sigue inspirando y sonriendo, emanando paz y calma mientras conversas con personas, cosas, lugares…

Date el tiempo necesario en este lugar, para recorrerlo completamente, para fijarte en todo lo que hay dentro de él.

Y ahora piensa en si quieres que todo lo que ves ahora se una al camino y paisaje de detrás del muro.  Si la respuesta es sí, date la vuelta y dirígete hacia él.  Allí en un costado tienes todas las herramientas para derribarlo.  Puedes hacerlo de golpe, con suavidad, quitando las piedras una a una…la decisión es tuya.

Ahora mira la perspectiva, la vista al completo sin muros que la limiten. ¿Qué has ganado?¿Cómo te sientes?

Quédate unos minutos más sin dejar de inspirar y sonreír. Siente la calma y la paz plena.  Siente el amor sin límites.

 

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